· La actividad física regular contribuye a mejorar el estado de ánimo, favorecer el descanso y fortalecer la autoestima. Cristóbal Toledo, psicólogo deportivo de Sportlife, entrega recomendaciones para incorporar el ejercicio a la rutina y cuidar el bienestar emocional.
La salud mental se ha convertido en uno de los principales desafíos de salud pública, y la actividad física puede desempeñar un rol importante en su cuidado. Más allá de sus beneficios para el organismo, la práctica regular de deporte contribuye a mejorar el estado de ánimo, reducir el estrés y la ansiedad, y favorecer el bienestar emocional.
En Chile, la situación es especialmente relevante. Según antecedentes del Centro de Estudios Longitudinales de la Universidad Católica (CEEL UC) y la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS), el sedentarismo se asocia a un mayor riesgo de presentar síntomas depresivos. Asimismo, se ha reportado que una de cada siete personas de 18 años o más presenta síntomas de depresión, con una prevalencia cercana al doble en mujeres respecto de los hombres, grupo que también registra mayores niveles de inactividad física.
Frente a este escenario, el ejercicio aparece como una herramienta accesible para contribuir al cuidado de la salud mental. Entre sus principales beneficios se encuentra la liberación de endorfinas y la regulación de neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, relacionados con el estado de ánimo y la sensación de bienestar. Además, la actividad física permite canalizar tensiones, disminuir los pensamientos repetitivos asociados al estrés y favorecer un descanso de mejor calidad.
“El ejercicio no solo genera beneficios físicos, también tiene un impacto importante en nuestro bienestar psicológico. La actividad física regular puede ayudar a mejorar el estado de ánimo, disminuir los niveles de estrés y ansiedad, fortalecer la autoestima y generar una mayor sensación de control sobre la propia vida. A esto se suma que el deporte puede convertirse en un espacio de desconexión de las preocupaciones cotidianas y, cuando se practica en grupo, favorecer la conexión social y el sentido de pertenencia”, explica Cristóbal Toledo, psicólogo deportivo de Sportlife.
Otro de los aspectos relevantes es que los beneficios no dependen necesariamente de realizar entrenamientos de alta intensidad. Incorporar movimiento de manera progresiva, establecer metas realistas y elegir actividades que resulten agradables son factores que pueden facilitar la constancia y ayudar a construir una relación positiva con el ejercicio.
En esa línea, el especialista recomienda comenzar con sesiones breves y aumentar gradualmente su duración e intensidad, de acuerdo con las capacidades y condiciones de cada persona. También es importante priorizar actividades que generen disfrute, mantener una rutina flexible y evitar que el ejercicio se transforme en una fuente adicional de presión o culpa.
“Muchas veces pensamos que para obtener resultados tenemos que hacer grandes esfuerzos desde el primer día, pero lo más importante es encontrar una actividad que disfrutemos y que podamos sostener en el tiempo. Caminar, bailar, entrenar en el gimnasio o participar en una clase grupal son distintas alternativas para comenzar. La constancia se construye paso a paso, y cada avance cuenta”, agrega Toledo.
La actividad física, sin embargo, no reemplaza la atención de especialistas cuando existen síntomas de depresión, ansiedad u otras dificultades de salud mental. Su incorporación puede ser un complemento valioso dentro de un abordaje integral, junto con el acompañamiento y los tratamientos profesionales que correspondan.
De esta manera, el ejercicio se posiciona como un aliado para el cuidado integral de la salud, no solo por sus efectos sobre el cuerpo, sino también por su contribución al bienestar emocional, la calidad de vida y la relación con otras personas.
Fuente: agencia Panisello.