Por Cristián Pastene, Tea Trainer y representante de Dilmah en LATAM.
Una regulación puede cambiar un material de un día para otro. Cambiar la forma en que una empresa decide qué compra, a quién se lo compra y qué impacto genera esa decisión toma bastante más tiempo.
La entrada en vigencia de nuevas exigencias de la Ley de Plásticos de un Solo Uso está obligando al sector gastronómico y hotelero a mirar con mayor atención objetos que durante años parecieron secundarios. Envases, envoltorios y productos desechables dejaron de ser un detalle operativo. Y ahí aparece una discusión más interesante que la norma misma.
El riesgo es confundir cumplimiento con transformación. Reemplazar un material porque la regulación lo exige resuelve una obligación, pero no necesariamente modifica el criterio con que se toman las decisiones. Una operación puede cumplir perfectamente y seguir comprando sin preguntarse por el origen de sus insumos, los estándares de sus proveedores o lo que ocurrirá con ellos después de ser utilizados.
En el mundo Horeca, esa conversación importa especialmente porque una experiencia está hecha de cientos de decisiones pequeñas. También una taza de té. Desde nuestra experiencia en Dilmah, hemos aprendido que revisar los materiales es apenas una parte de una discusión mucho más amplia. La sostenibilidad también obliga a mirar el origen de los productos, la relación con las comunidades y el impacto que genera una empresa más allá de su operación. Esa mirada es la que hemos buscado sostener durante años, destinando además un mínimo del 15% de nuestras utilidades antes de impuestos a iniciativas sociales y ambientales.
Las regulaciones son necesarias porque fijan un piso. Lo interesante comienza cuando una empresa decide no convertir ese piso en su techo. La Ley PUSU puede cambiar lo que llega a una mesa. El desafío para la industria es que también cambie la manera en que se decide qué poner sobre ella.
Fuente: Voxkom.